Estrés escolar: cuando el aula se extiende hasta el living y compromete el aprendizaje
La psicóloga Susan Albers, de Cleveland Clinic, advierte que la presión por las tareas y las calificaciones puede manifestarse en cambios de humor, dificultades de conducta y síntomas físicos, y que la conexión permanente con lo escolar suele intensificar la tensión.
El acompañamiento frente al estrés escolar no empieza en el aula sino en los adultos que rodean al estudiante. Para la psicóloga Susan Albers, de Cleveland Clinic, la manera en que responden madres, padres, docentes y otros referentes cercanos influye de manera directa en cómo el joven procesa las exigencias cotidianas. La especialista sugiere, como primer movimiento, hacer una pausa antes de reaccionar frente a un estallido emocional y, sobre todo, mostrar con el ejemplo que es posible pedir ayuda cuando una obligación sobrepasa. Esa conducta, repetida en el hogar, funciona como una pauta que el estudiante puede incorporar sin que se le transmita como una lección explícita.
Esa red de contención puede y suele extenderse más allá de la familia inmediata. Albers subraya el valor de contar con otros adultos de confianza —docentes, tutores, referentes deportivos o familiares cercanos— que se encuentren en condiciones de manejar sus propias emociones y de sostener al joven cuando la carga se vuelve difícil de llevar. Cuando quien cuida también atraviesa períodos de estrés, agrega la psicóloga, resulta formativo que pueda mostrar cómo trabaja sobre esa dificultad y recurre, él mismo, a algún tipo de acompañamiento.
Señales que suelen pasar inadvertidas en el hogar
La presión del colegio no siempre se expresa con palabras. Albers advierte que puede manifestarse en el ámbito doméstico a través de variaciones del ánimo, dificultades de conducta y molestias físicas —cefaleas, trastornos del sueño o malestares digestivos, entre otros—. A la carga habitual de tareas y expectativas se suman, además, las comparaciones que circulan en redes sociales y los mensajes que mantienen al estudiante conectado con las demandas escolares incluso fuera del horario escolar.
Por qué el estrés sostenido compromete el rendimiento
La especialista distingue entre una exigencia acotada, que puede resultar estimulante, y una respuesta de estrés demasiado frecuente o prolongada, que termina por agotar los recursos del organismo y le deja menos oportunidades de recuperación. Cuando la preocupación se vuelve intensa, explica Albers, ocupa buena parte de la memoria de trabajo —la capacidad que el cerebro utiliza para manejar información en el momento presente— y, en consecuencia, dificulta tanto la comprensión como la recuperación de lo aprendido. Hacer explícita esa relación, sostiene la psicóloga, suele ayudar a que el estudiante comprenda por qué cuidar el bienestar no es un privilegio sino una condición para poder rendir.
“La preocupación intensa ocupa recursos de la memoria de trabajo, necesaria para manejar información en el momento, y dificulta recuperar lo aprendido. Explicar esa relación puede ayudar a que el estudiante entienda por qué cuidar su bienestar también tiene importancia para rendir.”Susan Albers, psicóloga de Cleveland Clinic
Ordenar la jornada y reservar tiempo libre
- Revisar qué obligaciones requieren una resolución inmediata, cuáles admiten una espera y cuáles pueden delegarse o, directamente, quitarse de la agenda.
- Dividir la tarea prioritaria en acciones más pequeñas, de modo que una demanda que parecía difícil de abordar se convierta en pasos manejables y verificables.
- Sustituir parte del desplazamiento continuo por redes sociales, que según Albers prolonga la sensación de estar bajo evaluación, por actividades artísticas o instancias de meditación que permitan concentrarse en el presente.
- Preservar el descanso, la actividad física y los vínculos presenciales como contrapeso de la exigencia académica.
En las aulas, el cambio se percibe cuando la tarea vuelve a organizarse en pasos concretos y el estudiante recupera margen para dormir, moverse y encontrarse con otros fuera de la pantalla. Para Albers, esa reconfiguración —pequeña, doméstica, diaria— suele marcar la diferencia entre un año escolar que se sostiene y uno que se vuelve cuesta arriba.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Interior Cordobés