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LUN, 19 OCT 2026
Turismo

Espírito Santo, ese rincón de Brasil que muchos argentinos todavía no tienen en el radar

Entre playas calmas, una roca que cambia de color con el sol y una moqueca sin leche de coco, el estado capixaba ofrece una experiencia distinta al litoral carioca. Desde Río, se llega en poco menos de una hora en avión.

MB
Mónica BaravalleSociedad y pueblos · · lectura 4 min
Espírito Santo, ese rincón de Brasil que muchos argentinos todavía no tienen en el radar

Te lo confieso de entrada: yo tampoco tenía a Espírito Santo en la cabeza como destino brasileño hasta que me puse a investigar este viaje. Y es una lástima, porque parece mentira que un estado con playas amplias, sierras verdes y una cocina con identidad propia siga siendo, para buena parte de los argentinos, casi un secreto bien guardado. Lo que sigue es lo que fui encontrando en el camino, mezclando lo que me contaron con lo que se puede comprobar leyendo sobre el lugar.

La primera escala para entenderlo es geográfica. Espírito Santo ocupa un tramo de la región Sudeste de Brasil, metido entre Bahía al norte, Minas Gerais al oeste y Río de Janeiro al sur, con el Atlántico como límite oriental. Su capital es Vitória, una ciudad que muchos viajeros conocen solo de nombre porque les suena a escala aérea, y la oferta costera se concentra sobre todo en la vecina Vila Velha, que es donde están las playas más amigables para quienes buscan arena, mar templado y un ritmo menos agitado que el de Búzios o el de la propia Río.

La roca que cambia de color

A una hora de la zona metropolitana el paisaje cambia de manera abrupta, porque ahí empiezan las sierras. La postal más famosa se llama Pedra Azul, una formación rocosa que según la hora del día se ve verde, azul intenso o directamente naranja. El fenómeno es óptico y depende de cómo pega el sol, de modo que no hay dos visitas iguales. Los productores de la zona, muchos con varias generaciones en el lugar, lo explican con una mezcla de orgullo y resignación: aprendieron a vivir con el turismo, pero también a cuidarlo, porque la piedra es un imán que no deja de convocar gente.

Alrededor de Pedra Azul, la región serrana se llena de lavandas, haciendas cafetaleras y familias que viven del café de especialidad, del queso artesanal y de los embutidos curados en casa. El agroturismo es una de las actividades más consolidadas de la zona, con recorridos que incluyen degustación y compra directa al productor, una modalidad que a los argentinos nos suele gustar bastante porque tiene algo de quinta y algo de tienda de barrio.

La moqueca que se hace sin leche de coco

Ahora bien, si hay algo que define a Espírito Santo en la mesa, es la llamada moqueca capixaba. La diferencia con la versión bahiana, que es la más conocida en el resto de Brasil y también acá, es tajante: esta no lleva aceite de palma ni leche de coco. Según me dijo Rafael Granvilla Oliveira, gerente de Promoción y Marketing Turístico del estado, se trata de "una preparación ligera y saludable" a base de pescado, tomates, cebollas y hierbas naturales, cocinada en cazuela de barro.

  • Pescado fresco como base, generalmente piezas de la costa atlántica cercana.
  • Tomate, cebolla y hierbas de la región, sin condimentos pesados.
  • Cazuela de barro como única vajilla permitida, que le da un sabor particular.
  • Cocinada a fuego lento, servida con arroz blanco y pirão, una especie de crema espesa que se hace con el propio jugo del guiso.

El pirão, dicho sea de paso, es la otra gran marca registrada capixaba: esa crema que sale del caldo de la cocción, espesada con harina de mandioca, que en Brasil llaman farinha. Es reconfortante y casera, del tipo de comida que no necesita marketing porque se explica sola.

Cómo llegar desde Argentina

Para los que ya se están haciendo la película mental del viaje, el camino más directo es volar hasta Río de Janeiro o San Pablo y desde ahí tomar una conexión al aeropuerto de Vitória. Desde Río son aproximadamente 45 minutos de vuelo, y desde San Pablo algo más de una hora. Para los amantes del viaje por ruta, hay una opción terrestre desde la ciudad de Río de unas ocho horas por la carretera costera, que tiene sus encantos pero exige tiempo y paciencia, sobre todo en temporada alta.

Me quedo pensando en lo que me dijo una productora de la región serrana, María Helena, de 58 años, mientras me describía una mañana de niebla en la hacienda de su familia: "Acá la gente viene a comer, a caminar y a quedarse callada mirando la piedra. Y eso, después de un año de trabajo, es lo mejor que nos puede pasar". Tal vez por eso Espírito Santo sigue funcionando como funciona. Porque, entre el Atlántico y la serranía, todavía hay lugar para esa clase de silencio.

MB
Mónica BaravalleSociedad y pueblos

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