Escapadas cortas y frecuentes: el hallazgo australiano que las asocia con mayor bienestar psicológico
Un relevamiento sobre más de 1.200 turistas encontró que los viajes breves y cercanos al domicilio, cuando se repiten con regularidad, se vinculan con mejoras en la satisfacción con la vida, sobre todo en personas con menos recursos para sobrellevar situaciones adversas.
Para interrumpir la rutina cotidiana no haría falta embarcarse en un viaje largo ni destinar una suma considerable de dinero, de acuerdo con un estudio reciente de la Universidad de Sunshine Coast, en Australia. La investigación, basada en una muestra de 1.208 turistas australianos, concluyó que las escapadas de ocio breves y cercanas al lugar de residencia también pueden aportar beneficios al bienestar psicológico cuando se llevan adelante con frecuencia, y que esos efectos tienden a sostenerse más allá de los días mismos de vacaciones.
Una frecuencia que parece importar más que la distancia
El equipo encabezado por el profesor asociado Rory Mulcahy trabajó con datos recogidos en tres relevamientos sucesivos entre 2020 y 2023. Los investigadores cruzaron la frecuencia de los viajes recreativos con indicadores de felicidad, con la capacidad percibida para sobrellevar situaciones difíciles y con la satisfacción general con la vida, en busca de patrones que permitieran describir, con cautela, la relación entre descanso y bienestar.
Uno de los hallazgos más nítidos del análisis fue que las mejoras no se distribuyeron de manera uniforme entre los participantes. Las personas que se percibían como más vulnerables o que declaraban contar con menos herramientas para atravesar momentos adversos mostraron los mayores beneficios asociados a la reiteración de las escapadas, en tanto que quienes ya disponían de recursos de afrontamiento moderados o altos experimentaron cambios comparativamente menores.
“Conocer lugares nuevos, acercarse a otras culturas y participar en actividades placenteras ofrece oportunidades para desarrollar recursos personales que tienden a perdurar más allá del viaje mismo.”Rory Mulcahy, profesor asociado de la Universidad de Sunshine Coast
Qué cambiaría en la práctica
Como derivación operativa, los autores sugirieron que la industria turística y los organismos públicos podrían acompañar a quienes más se beneficiarían con propuestas que reduzcan las barreras de acceso. En ese marco, mencionaron ejemplos concretos de actividades accesibles y de introducción gradual:
- Visitas guiadas con acompañamiento profesional.
- Traslados organizados para minimizar la planificación previa.
- Senderismo, kayak y escalada de nivel básico orientados a principiantes.
La conclusión interpela también a quienes planifican su tiempo libre: la proximidad y la repetición podrían pesar más que la duración o el presupuesto, siempre que el objetivo sea recuperar energía y restablecer cierto equilibrio emocional.
El estudio presenta, sin embargo, límites que los propios investigadores reconocieron. La totalidad de los participantes fueron turistas australianos y el período analizado coincidió con las restricciones impuestas durante la pandemia de coronavirus, una etapa atípica en la que las opciones de viaje y las rutinas cotidianas se modificaron de manera sustancial. Por ese motivo, los autores recomendaron replicar el trabajo en otros países y en condiciones más estables antes de trasladar sus conclusiones a contextos diferentes.
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