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VIE, 16 OCT 2026
Tecnología

En India, una mujer registra con la cámara en la cabeza las tareas de su casa para enseñar a robots con inteligencia artificial

Divya, del distrito de Karur, graba con un teléfono sujeto a la frente actividades como cortar verduras o limpiar. Las imágenes sirven para entrenar sistemas que después adaptan sus movimientos al entorno, y el pago le permite cubrir gastos que antes dependían de su esposo.

CB
Celeste BonettoEducación y universidades · · lectura 3 min
En India, una mujer registra con la cámara en la cabeza las tareas de su casa para enseñar a robots con inteligencia artificial

El entrenamiento de un robot con inteligencia artificial capaz de desenvolverse en una vivienda puede comenzar con un insumo tan particular como una persona cortando verduras o pasando un trapo por la mesa. Esos registros cotidianos, filmados desde la perspectiva de quien realiza la actividad, se convierten en ejemplos visuales que los sistemas procesan para reconocer patrones de movimiento y de manipulación de objetos. A diferencia de las máquinas que repiten una secuencia fija, estos robots utilizan lo aprendido para ajustar la fuerza, el recorrido y la secuencia de acciones según las condiciones del entorno, una cocina o una sala donde los objetos cambian de lugar o aparecen situaciones imprevistas. En el distrito de Karur, en India, una mujer llamada Divya se dedica precisamente a producir ese material, y recibe un pago por cada grabación aprobada.

Cómo se filman las tareas y por qué se descartan horas de material

Para capturar las imágenes, Divya se coloca un teléfono sujeto a la cabeza y deja que la cámara registre la tarea desde su punto de vista mientras corta verduras, limpia o realiza otras actividades domésticas. Después envía los videos para que se incorporen al entrenamiento. El proceso, sin embargo, no se limita a apretar un botón: una parte considerable del material queda fuera. Divya relata que, cuando graba durante cuatro horas en una jornada, apenas se aprueban entre dos y dos horas y media de esas filmaciones. La selección depende de criterios técnicos del proyecto, lo que convierte cada jornada de trabajo en una actividad con un rendimiento muy variable.

La grabación tampoco consume el mismo tiempo que la tarea cuando se hace sin cámara. Divya explica que una actividad que en su rutina habitual le lleva treinta minutos, como cortar verduras, puede insumirle alrededor de una hora cuando debe registrarse en video. De este modo, el tiempo dedicado a filmar y la duración del contenido finalmente aprobado son dos dimensiones distintas del mismo trabajo, y la distancia entre ambas condiciona el ingreso real de cada jornada.

Lo que cambió en la economía personal de quien filma

El dinero obtenido por esas grabaciones modificó aspectos concretos de la vida cotidiana de Divya. Ella misma cuenta que antes necesitaba pedirle dinero a su esposo incluso para recargar saldo en el teléfono, una erogación menor pero habitual. Con lo que recibe por los videos aprobados, hoy puede costear por su cuenta esa recarga y realizar otras compras personales, algo que describe como un cambio en la manera de gestionar sus gastos más elementales. Su caso ilustra una aplicación concreta del trabajo humano en el aprendizaje de robots: convertir actividades domésticas, ya conocidas, en ejemplos visuales para sistemas que aún no saben desenvolverse en un hogar.

  • Un celular sujeto a la cabeza captura las tareas desde la perspectiva de quien las realiza.
  • De cuatro horas de grabación se aprueban entre dos y dos horas y media.
  • Registrar una actividad lleva aproximadamente el doble de tiempo que hacerla sin cámara.
  • El pago permite costear gastos personales que antes dependían de la pareja.
  • Los videos alimentan el entrenamiento de robots que ajustan sus movimientos al entorno.
CB
Celeste BonettoEducación y universidades

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