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SÁB, 17 OCT 2026
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«El precio de la red»: cuando Sorkin se dirige a sí mismo, el guion se estrella solo

La esperada secuela de «La red social» confirma lo que veníamos sospechando: el mejor Sorkin es el que firma otro director. Acá, solo y dueño de todo, se tropieza con sus propias muletillas.

AP
Ana Paula GribaudoCultura y espectáculos · · lectura 2 min
«El precio de la red»: cuando Sorkin se dirige a sí mismo, el guion se estrella solo

(spoiler de opinión, no de trama: no la lean si todavía no la vieron, pero ¿en serio no la vieron a esta altura?) Aaron Sorkin tenía todo para lucirse y eligió lo peor: dirigir su propio guion. Otra vez. «El precio de la red» llega como esa secuela que nadie pidió pero que el algoritmo y el mercado celebraron, y se estrella solita contra sus propios vicios.

La película funciona como heredera directa de «La red social» de 2010 y arrastra además ecos de «The Newsroom» y de ese proyecto sobre el 6 de enero que Sorkin lleva años tentando sin que nadie se lo banque. O sea: el universo Sorkin, su música de saxofón interna, sus tipos que hablan como si recitaran el preámbulo de una constitución imaginaria. Todo presente, servido en bandeja de plata y, justamente por eso, algo indigesto.

El problema no es el libreto: es el director

Vayamos a lo concreto. El guion tiene lo suyo y el material base sobra. Lo que falla es la puesta en escena. Cuando Sorkin escribe para otros, los mejores directores lo contienen: David Fincher en «La red social», Danny Boyle en «Steve Jobs», Rob Reiner en «Algunos hombres buenos». Le corrigen los excesos, le bajan la épica, le meten urgencia. Sin ese contrapeso, el texto se desinfla.

  • Secuencias de diálogo que existen porque suenan bien recitadas en voz alta, no porque la trama las pida.
  • Interiores con zonas mal iluminadas, llamativas hasta para una película chica: el mismo director de fotografía de «La red social» firmó acá, y se nota.
  • Un montaje sin urgencia, donde las imágenes se limitan a cumplir y nunca a trascender.
  • Un idealismo de manual que, sin un realizador externo, pesa como bolsa de plomo sobre el resultado.
“Sorkin es un guardia de tráfico con los brazos caídos mientras los autos derrapan y atropellan todo.”Bill Burr, en uno de los diálogos del film

Y sí: la propia película se autocritica. El personaje de Bill Burr dice, casi textual, lo que la crítica viene señalando hace años. Que el guion incluya su propia reprimenda y no por eso se corrja es, también, parte del problema.

Una joyita tapada en el medio del naufragio

Rescato igual a Jeremy Strong, enorme en un papel chico que le queda enorme. Le pone cuerpo y silencios a un personaje que el guion apenas esboza, y se nota. Es el actor al que hay que mirar cuando el resto se desborda en soliloquios.

Mi veredicto

¿Coincido en que Sorkin rinde mejor con otro director? Sí, sin dudarlo. ¿Hay algo valioso en su control total? También: cuando lo hace, queda a la vista el mecanismo, y eso, para quien admire su pluma, es un regalo honesto. Para el resto, es un manual de cómo un gran guionista puede arruinar una buena historia. Mi recomendación, sin vueltas: mírenla una vez, en casa, con el celular cerca para distraerse cuando el diálogo se ponga insostenible. No la vayan al cine. Y si la vieron, me cuentan abajo cómo zafaron.

AP
Ana Paula GribaudoCultura y espectáculos

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