El cuerpo recuerda: por qué volver a entrenar no es empezar de cero, según la ciencia
Investigadores de Estados Unidos comprobaron que músculos e hígado conservan rastros del ejercicio previo, aun tras meses de inactividad. La explicación celular que cambia la mirada sobre el sedentarismo temporario.
Me lo dijo el médico, se lo dije a mi vecino, lo escuché de mi madre y hasta lo repetí yo misma más de una vez: después de un tiempo sin entrenar, hay que empezar de nuevo. Como si la mesada, la licencia por maternidad o la fractura de tobillo hubieran borrado hasta el último esfuerzo. Pero resulta que no. El cuerpo, ese organismo que a veces traiciona y a veces sorprende, guarda memoria del ejercicio aunque uno haya colgado las zapatillas por semanas o por meses. Lo acaban de demostrar, con lujo de detalles, unos investigadores de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign, en Estados Unidos, y a mí la noticia me cambió la manera de mirar el calendario.
Para llegar hasta la explicación tuve que meterme en un terreno que, confieso, me resulta ajeno: el de la fisiología celular. Pero vale la pena el esfuerzo, porque lo que encontraron Diego Hernandez-Saavedra y Yi-Heng Huang cambia la conversación. Ellos entrenaron ratones durante cuatro a ocho semanas, los dejaron sedentarios un tiempo y después los pusieron a hacer actividad otra vez. Cuando los compararon con animales que nunca habían movido una pata en una rueda, los resultados fueron contundentes. Los primeros desarrollaron fibras musculares más grandes y aprovecharon mejor la energía disponible para el esfuerzo. Lo más llamativo: esa ventaja metabólica se sostuvo incluso durante la pausa, como si el músculo se negara a olvidar.
El hígado también lleva el registro
Y no solo el músculo. En un segundo trabajo, publicado en 2026 en la revista Molecular Metabolism, el equipo detectó que en el hígado de quienes retomaban el entrenamiento había una mayor presencia de unas enzimas llamadas carboxilesterasas hepáticas. Traducido a lenguaje de cocina: son las encargadas de desarmar las grasas que circulan en la sangre para que el músculo las pueda usar como combustible. O sea, hígado y músculo se ponen de acuerdo para rendir mejor, como un tándem bien aceitado que ya había rodado juntos alguna vez.
Los propios investigadores aclaran que la idea de memoria celular no es nueva. Las neuronas atesoran recuerdos a través de sus conexiones y el sistema inmunitario reconoce enemigos a los que ya enfrentó. Lo revolucionario es descubrir que las células musculares, las del hígado, las de la piel y hasta las del tejido adiposo también guardan un archivo de experiencias pasadas, aunque todavía no se sepa con precisión cuánto dura ese registro ni cómo se mantiene intacto a pesar de la pausa.
La advertencia que no hay que saltear
- Disminuye la capacidad cardiovascular tras varias semanas sin moverse.
- Cae la fuerza muscular, sobre todo si la pausa se prolonga.
- Empeora la respuesta del organismo a la insulina, con lo que eso implica para el metabolismo.
- Crece el riesgo de acumular grasa y perder la resistencia adquirida.
Y acá viene el llamado de atención que los autores no dejan de hacer y que yo, como ciudadana y como periodista, repito: la memoria celular existe, pero no hace milagros. La recomendación de moverse con regularidad sigue siendo la piedra angular. Volver a entrenar después de una pausa no es empezar de cero, eso es cierto, pero tampoco es volver exactamente al punto de partida. La capacidad aeróbica, la fuerza y la sensibilidad a la insulina se pierden si uno se queda quieto demasiado tiempo. Lo que la investigación viene a decir es que el cuerpo no tira a la basura el esfuerzo anterior: lo archiva, lo guarda en algún rincón de la célula, a la espera de que uno vuelva a la cancha. Saberlo, en lo personal, me saca un peso de encima y me da una razón menos para postergar el regreso.
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