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SÁB, 17 OCT 2026
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El Coyote se cansó de perder contra el Corre Caminos y ahora va a juicio: la película que nadie esperaba

Wile E. Coyote se muda del desierto al estrado en una mezcla insólita de animación, carne y hueso, y un Will Forte que carga la comedia judicial al hombro. Spoiler: el Abuelito Malvado y los Coyotes del negocio siguen vigentes.

AP
Ana Paula GribaudoCultura y espectáculos · · lectura 3 min
El Coyote se cansó de perder contra el Corre Caminos y ahora va a juicio: la película que nadie esperaba

Dicen que la paciencia tiene un límite y, después de setenta años de comerse el polvo del desierto, el Coyote lo encontró. Resulta que ahora va a la Justicia, como cualquier contribuyente harto, y se lleva puesto al estudio que lo vio caer en el cañón por enésima vez. Bienvenido a Coyote vs. Acme, la película que mezcla dibujos animados con actores reales y que, por una vez, se toma en serio el reclamo laboral del personaje más goleado de la Warner.

El filme dura más de noventa minutos y articula su relato alrededor del cine de juicios. Sí, juicios. Como si fuera un drama judicial con traje y todo, pero con un coyote quejándose de que le vendieron un propulsor marca ACME que no funcionaba (sorpresa: nunca funcionan). En el centro está Will Forte, ese actor de cara resignada y timing perfecto, como un antihéroe de oficina que de repente tiene que defender a un dibujo animado con acento de contratista defraudado.

La dupla improbable

La gracia del asunto es cómo el Coyote y el personaje de Forte se van acercando a pesar de venir de mundos distintos. El Coyote viene de los cortos originales, ese formato de pocos minutos donde el plan es siempre el mismo: trampa, explosión, cámara que se aleja mientras la silueta del Coyote se pega contra la pared. Acá, en cambio, ese esquema se estira como un chicle y se vuelve motor de la trama. La perseverancia del bicho deja de ser un gag y se convierte en el corazón de la película.

  • La película retoma la fórmula de los cortos pero la expande a más de 90 minutos, con espacio para desarrollar al Coyote como protagonista absoluto.
  • Forte encarna al único humano con peso real en el conflicto, lo que le da a la película su ancla de carne y hueso en medio del caos animado.
  • El género elegido es el juicio: el Coyote le declara la guerra legal a la empresa que le vendió todos esos artefactos defectuosos.
  • La referencia inevitable es Space Jam, donde Michael Jordan se mezclaba con Bugs y compañía. Acá la fórmula se repite, pero con un tono más adulto y menos merchandising.
  • El humor físico clásico de los Looney Tunes sigue intacto: caídas, golpes y física llevada al absurdo se cuelan entre los diálogos del tribunal.

Entre todos los cameos y guiños al universo animado, me quedo con uno que no tiene nombre todavía y que es, técnicamente, un coyote de utilería que aparece como jurado suplente en una de las escenas del juicio. No dice una palabra. No hace un gesto. Pero su mirada, amigos, su mirada dice todo. Es la representación más fiel del público argentino en una sala de tribunales: silencio absoluto y cara de haber visto suficiente. Si la Warner lo hiciera spin-off, yo pagaba la entrada.

Mi recomendación, sin vueltas: véanla. No es la revolución del cine animado, tampoco lo pretende, pero es una película honesta que le devuelve al Coyote algo que nunca tuvo en sus cortos: un cierre emocional. Y, en el fondo, todos nos lo merecemos después de décadas de aguantarlo caer al vacío.

AP
Ana Paula GribaudoCultura y espectáculos

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