Cuando faltan dientes, la memoria también lo nota: lo que esconde la boca de un adulto mayor
Una revisión de 14 estudios advierte que perder más de una pieza dental en la vejez eleva de manera considerable el riesgo de deterioro cognitivo y demencia. La inflamación de encías, el bruxismo y la boca seca completan un cuadro al que la medicina empieza a prestarle atención seria, aunque todavía sin respuestas definitivas.
A mí me pasó de verlo con estos ojos que se gastan de tanto mirar: una vecina de 72 años, a la que voy a llamar doña Elsa para cuidarla, me dijo una tarde, mientras tomábamos mate en la vereda, que hacía meses que no iba al dentista porque le daba vergüenza abrir la boca. "Ya casi no me quedan dientes, m'hijita", me confesó con esa mezcla de resignación y humor que solemos poner los argentinos cuando algo nos duele de verdad. Lo que yo no sabía en ese momento, y que ahora confirma una revisión publicada en la revista JAMDA, era que esa pérdida de piezas dentales podía estar contándole algo más que una historia de caries: le estaba hablando al cerebro.
Lo que dicen los números, y lo que no dicen
El trabajo reunió datos de 14 estudios sobre adultos mayores y llegó a una conclusión que a mí, como periodista, me dejó pensando un buen rato: quienes habían perdido más de un diente presentaban cerca de un 50 por ciento más de riesgo de deterioro cognitivo y un 28 por ciento más de probabilidades de recibir un diagnóstico de demencia. Los propios autores, eso sí, fueron cuidadosos: aclararon que se trata de una asociación estadística y no de una relación de causa y efecto comprobada. En el medio hay otros factores que se cruzan, como la inflamación prolongada, la alimentación, el acceso a la atención odontológica y las enfermedades previas que cada persona arrastra.
A esa advertencia hay que aferrarse para no caer en simplificaciones. Pero también hay que tomársela en serio, porque del otro lado hay un dato que sí está bien documentado: la inflamación de encías, esa cosa tan común que muchos dejamos pasar, aparece en distintos estudios vinculada con enfermedades cardiovasculares, pulmonares, obstrucciones en vasos sanguíneos y accidentes cerebrovasculares. Tampoco ahí se pudo establecer una causalidad directa, pero la asociación es lo suficientemente fuerte como para que los médicos empiecen a mirar la boca con la misma atención con la que miran el colesterol o la presión arterial.
Encías que se inflaman, dientes que se caen, vida que se achica
Cuando la gingivitis no recibe tratamiento, el problema avanza hacia los tejidos que sostienen los dientes y termina en periodontitis, una afección que en etapas avanzadas provoca la pérdida de piezas dentales. Pero lo que a mí más me interesa destacar, y acá vuelvo a doña Elsa, es lo que pasa después: la falta de dientes reduce la participación social. Algunas personas evitan conversar, sonreír o asistir a reuniones por incomodidad con su dentadura, y eso va recortando la vida de a poco, en silencio, casi sin que uno se dé cuenta. El aislamiento en la vejez, dicen los especialistas, es uno de los combustibles del deterioro cognitivo. La cadena, entonces, se cierra de una manera que duele.
Molestias cotidianas que también merecen consulta
La revisión y la guía de Harvard Health Publishing que la acompaña mencionan otros problemas frecuentes en los adultos mayores, que vale la pena repasar porque muchos los naturalizamos y los dejamos pasar. La sensibilidad dental, por ejemplo, aparece cuando las encías se retraen y dejan expuesta parte de la raíz, o cuando hay bruxismo, que es el hábito de apretar o rechinar los dientes durante el sueño. En ese caso, una férula nocturna puede reducir la presión sobre los dientes, aunque la evaluación profesional es la que permite distinguir ese origen de otros que requieren un enfoque distinto. La boca seca, mientras tanto, es otra molestia común: ocurre cuando se produce menos saliva y dificulta masticar, tragar, hablar y hasta percibir sabores. Es un efecto secundario frecuente de varios medicamentos y puede aparecer asociada a diabetes, accidentes cerebrovasculares, alzhéimer y algunas enfermedades que afectan el sistema inmune.
Yo salí de aquella charla con doña Elsa con una idea dando vueltas, y se la quiero dejar a quien esté leyendo: la boca no es un capítulo aparte del cuerpo, ni un tema menor al que solo se acude cuando duele. Es una puerta de entrada a la salud general, y en la adultez mayor, cuando el tiempo se vuelve más corto y más, cuidarla puede ser una de esas decisiones simples que después hacen una diferencia enorme. Si falta un diente, si sangran las encías, si la boca se seca más de la cuenta, la consulta al odontólogo no puede esperar. Lo que está en juego, como empiezan a mostrar los estudios, es bastante más que una muela.
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