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SÁB, 17 OCT 2026
Entretenimiento

Anamá Ferreira se fue a Kenia, se cruzó con leones y volvió hablando de los masái como si fueran vecinos

La modelo y conductora recorrió Nairobi, el Masái Mara, el Serengueti y el cráter del Ngorongoro. Acá, todo lo que vio, comió y se sacó en selfie, con el sello de esta columna.

AP
Ana Paula GribaudoCultura y espectáculos · · lectura 3 min
Anamá Ferreira se fue a Kenia, se cruzó con leones y volvió hablando de los masái como si fueran vecinos

Hay dos clases de celebrities argentinas: las que van a Punta del Este y las que van a ver jirafas a Kenia. Anamá Ferreira, fiel a su especie, eligió la segunda ruta. Y volvió con la misma emoción de una quinceañera en su primer viaje de egresados, pero con lonas de león de fondo.

(Sí, ya sé que las lonas son de tela y no de león. Pero la imagen sirve.)

Nairobi, entre jirafas y la casa de Blixen

La primera parada fue el Giraffe Centre, un centro de conservación dedicado a la jirafa de Rothschild, una subespecie que está en peligro de extinción. Ahí Ferreira hizo lo que haría cualquiera: alimentar a los animales y sacarse selfies. Y lo contó con una frase que parece tarjeta de San Valentín para los fans: "Hoy viví uno de esos momentos que quedan para siempre en el corazón". Qué tierna esta mujer, dios mío.

Después se metió en el Museo Karen Blixen, la casa donde vivió la escritora danesa autora de "Memoir of Africa" (o "Memorias de África", para los que vimos la película con Redgrave y Streep). "Caminar por su casa y pensar que acá transcurrió parte de esa historia es bastante mágico", dijo. Claro que es mágico, Anamá: si la Blixen no se hubiera mudado ahí, hoy estarías recorriendo un country de zona norte.

Los masái, el shuka rojo y los saltos verticales

El momento fuerte del viaje fue el paso por el Masái Mara, donde se encontró con la comunidad masái. Ahí la conductora descubrió el shuka, esa tela roja que ya vimos en mil publicidades deaguardiente y que es mucho más que un poncho: es identidad, es estatus, es pertenencia. También conoció la danza adumu, esos saltos verticales que hacen los jóvenes guerreros para mostrar quién es el más alto del salón (versión sabana africana).

Participó, claro. Y aunque no lo dice el parte oficial, me juego una milanga a que saltó menos que un yogur dietético. Pero bueno, el chiste es participar.

Tanzania y los Cinco Grandes, con previa de atardecer

Cruzó a Tanzania y se fue derecho al Serengueti y al cráter del Ngorongoro, dos lugares que suenan a escenario de El Rey León versión documental. Ahí, según contó, cumplió el objetivo principal del viaje: ver a los Cinco Grandes en estado salvaje. O sea, los cinco animales que los guías de la zona tratan como si fueran los personajes de una foto de selección nacional: león, leopardo, elefante, rinoceronte y búfalo.

Niños, atardeceres y la pregunta que me hice mientras leía todo esto

A lo largo del recorrido, Ferreira se sacó fotos con atardeceres sobre lagos (porque si no lo subís a Instagram, no fue), y compartió momentos con familias y chicos de comunidades locales. Lo definió como una experiencia "profundamente enriquecedora", que es la forma elegante de decir: "Lloré tres veces y comí cosas que no sabía qué eran".

Postura sin filtro, como en la radio del pueblo

A esta altura, una ya no sabe si Anamá viaja para ver fauna o para volver con suficiente material para un año entero de stories. Pero ojo: hay un mérito genuino en meter en la conversación temas como la conservación de la jirafa de Rothschild o mostrar el detrás de escena de las comunidades masái, en lugar de otra escapada a un cinco estrellas con vista al cráter (porque sí, también hay eso).

La modelo rescatada del medio, en este caso, es la propia Anamá: una mina que dejó el modelaje fashion para meterse de lleno en la televisión y que, cuando puede, se pone la mochila y se va a recorrer el mundo como cualquier jubilada europea con ahorros. Tiene algo: ganas de contar lo que ve, sin filtro de agencia de prensa.

Si me preguntan a mí qué destino africano elegiría para un viaje así, lo tengo claro: Namibia. Menos masificado, misma fauna, desiertos que parecen de otro planeta y atardeceres de esos que te hacen replantear la vida. Pero esa es otra nota. Por ahora, quedémonos con la postal de Anamá saltando con los masái, que ya es bastante para un lunes.

AP
Ana Paula GribaudoCultura y espectáculos

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