Afinar pianos y desvalijar cajas fuertes: la nouvelle cuisine del thriller de atracos
Daniel Roher deja el documental político y se mete en la ficción con "Un talento único", una película que toma una premisa absurda y la convierte en un thriller sólido. Crítica desde el living, con café de por medio.
Hay oficios que parecen inventados por un guionista con insomnio. Afinar pianos, por ejemplo. Suena a cosa de otra época, a señor con barba candado que llega a la mansión con un maletín y se va sin que nadie le pregunte demasiado. Sobre ese oficio improbable, y sobre un chico con hiperacusia que escucha lo que el resto ni sospecha, Daniel Roher construye Un talento único ("Tuner"), su primer película de ficción después de ganar el Óscar con el documental Navalny. La premisa es de esas que en cualquier otro contexto habrían terminado en una serie coreana de dieciocho capítulos: un joven entra a casas ricas a poner a punto pianos y, ya que está, abre cajas fuertes en operaciones clandestinas. Acá, en cambio, la cosa dura lo justo y se zampa al espectador sin pedirle demasiado.
Un oído como herramienta de trabajo (legal y no tanto)
Lo mejor del filme está en el oído, justamente. La hiperacusia de Niki, el protagonista que encarna Leo Woodall con una sobriedad llamativa para alguien que sale de la serie "The White Lotus", no es un truco de guion para justificar el robo: es el motor de la película. Roher filma el interior de un piano como si fuera una caja fuerte, y filma la caja fuerte como si fuera un piano. Cuerdas, martillos, mecanismos, engranajes diminutos: todo es susceptible de ser escuchado, y por lo tanto desarmado. El sonido no decora la imagen, la conduce. Y eso, en un thriller de atracos, no es menor.
“Lo que sostiene a Un talento único no es la originalidad de su premisa sino la ejecución: un director que sabe dónde poner la cámara y un protagonista que no necesita levantar la voz para llenar la pantalla.”Ana Paula Gribaudo
Hoffman como bonus track
Entre los hay que hacer una parada obligada: Dustin Hoffman, curtido como el viejo afinador que le enseña el oficio a Niki. Aparece poco, pero cada vez que abre la boca le sube el tono a la película. Es el tipo de actuación que te reconcilia con un actor al que el tiempo no le fue generoso. Alrededor de él orbitan Sosie Bacon, de "Smile", y Bill Nighy en un registro menor pero efectivo, como para que el reparto tenga la espalda cubierta de sobra.
El veredicto (con spoilers de nada)
Un talento único no viene a reinventar el género. Las piezas están donde tienen que estar: el protagonista con una habilidad puntual, los golpes que crecen en dificultad, los conflictos personales apenas esbozados pero funcionales. Lo que la distingue es la mano de Roher, precisa, detallista, con un sentido del ritmo que no concede ni un minuto de más. Es una producción de escala media que no se nota media: no hay escenas postizas ni resoluciones acomodadas. Para quien busque un thriller de intriga sin tener que entregarse a una franquicia de tres horas, está servida en streaming.
- Atrápame si puedes (2002): Steven Spielberg convierte al estafador Frank Abagnale en un show unipersonal de Leonardo DiCaprio. La sonrisa wide, la elegancia y los cheques voladores.
- Los estafadores (2018): acá el golpe lo planifica un equipo de ancianos retirados con la precisión de un reloj suizo. Lento al principio, brillante al final.
- El juego de la fortuna (2007): Robert Redford y Brad Pitt se reparten las marcas en una historia de naipes y engaños donde el verdadero bluff es el guion.
- Ladrón de guante blanco (2014): la historia real del ladrón de museos más exitoso de Gran Bretaña, contada con la calma británica que el personaje merecía.
- La noche de los cuchillos largos (2011): un documental sobre la operación policial que atrapó a un equipo de ladrones de cajas fuertes en Boston. La realidad siempre escribe mejor que la ficción.
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